El 20 de abril de 1965 falleció Alfredo Palacios a los 86 años en Buenos Aires, cerrando una trayectoria pionera como primer diputado socialista de América Latina. Nacido en 1880 en Balvanera, porteño de clase media, se doctoró en Derecho en La Plata y fundó la Federación Obrera Regional Argentina en 1901. Su elección en 1904 por el Partido Socialista en la Capital Federal —con 25 años— rompió moldes en un Congreso oligárquico.
Defensor incansable de los trabajadores, impulsó leyes laborales clave: descanso dominical (1905), jornada de 10 horas para mujeres y niños (1907), y prohibición del trabajo infantil. Reelegido en 1912, amplió su influencia con campañas contra la trata de blancas y el alcoholismo. Exiliado por la Semana Trágica (1919), regresó para ser senador en 1932 por la Capital, participando en la Convención Constituyente de 1957 que reformó la Constitución.
La Revolución Libertadora (1955) lo nombró embajador en Montevideo, pese a su ideología. Candidato presidencial socialista en 1958, obtuvo modestos resultados. Volvió al Senado en 1961 y fue diputado en 1963, ocupando banca hasta su muerte por cáncer de próstata.
Palacios fue intelectual prolífico: autor de La miseria en la Argentina (1903) y biógrafo de Rosas. Figura controvertida —acusado de antisemitismo en los 30 por posturas pro-Palestina—, su legado radica en humanizar la política argentina, inspirando al peronismo y la izquierda. Hoy, su tumba en Recoleta y calles porteñas lo honran como puente entre anarquismo y socialismo moderno.