El 9 de mayo de 1976, Ulrike Meinhof apareció ahorcada en su celda de la prisión de Stammheim, Stuttgart, a los 41 años.

Periodista comprometido y militante comunista, lideró la Fracción del Ejército Rojo (RAF), conocida como Banda Baader-Meinhof por ella y Andreas Baader. Nacida en 1934, Meinhof pasó de columnas en revistas como «Konkret» a la lucha armada en 1970, justificándola como respuesta al «fascismo estatal» de posguerra.

La RAF asaltó bancos, atentó contra empresas yanquis como Springer y secuestró aviones, dejando un saldo de decenas de muertos en los «años alemanes de plomo». Arrestada en 1972, fue condenada a ocho años. Su «suicidio» desató sospechas: ¿autolisis o asesinato estatal? Autopsias dudosas y fallos en la celda alimentaron teorías. Meses después, el 18 de octubre de 1977, Baader y otros dos RAF murieron en la misma cárcel, intensificando el misterio de un posible «pacto suicida» o ejecuciones encubiertas.

Hoy, con archivos desclasificados, el caso Meinhof divide: ícono terrorista para unos, mártir antifascista para otros. Su legado cuestiona el radicalismo y la represión en Europa.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.