Londres, 14 de abril de 1759. El compositor alemán Georg Friedrich Händel, una de las figuras más influyentes del barroco musical, fallece a los 74 años en su residencia de Brook Street, víctima de complicaciones de un derrame cerebral que lo había afectado años antes. Nacido en Halle en 1685, Händel se radicó en Inglaterra y dejó un legado imborrable con obras que fusionaban ópera italiana, música orquestal y oratorios bíblicos.

Su impacto trasciende fronteras: compuso la célebre Música acuática para el rey Jorge I, inspirada en un paseo por el Támesis, y Música para los reales fuegos de artificio, encargada para celebrar la paz de Aix-la-Chapelle. No menos icónico es su Concierto para arpa, que resalta la delicadeza del instrumento, y sobre todo el oratorio El Mesías, cuyo coro del Aleluya se ha convertido en un himno universal, interpretado en templos y estadios por igual.

Händel brilló también en la ópera, con éxitos como Julio César en Egipto, una obra maestra que exploraba intrigas palaciegas con arias inolvidables (ver análisis en Página/12). A pesar de cegar en sus últimos años, dictó su última obra, Jephta, desde la memoria. Su funeral en la Abadía de Westminster reunió a 3.000 personas, y hoy sus restos descansan allí como símbolo de genialidad eterna.

En un mundo donde la música une épocas, Händel nos recuerda cómo un alemán en Londres revolucionó el arte sonoro. Su herencia vive en salas de concierto globales, inspirando a compositores desde Beethoven hasta directores actuales. (Notigital, 14/4/2026).

 

Fuente: Página 12.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.