Juan Gelman irrumpió en la literatura argentina como un poeta visceral, capaz de capturar el dolor del exilio y la memoria colectiva. Nacido el 3 de mayo de 1930 en Buenos Aires, en el seno de una familia judía de inmigrantes rusos, Gelman publicó su primer libro, Violín y otras cuestiones, en 1956.
Le siguieron obras maestras como Gotán (1957), Cólera buey (1968), Salario del impío (1971), Dibaxu (1975), País que fue será (1984) y Mundar (2001), que fusionan lunfardo, yiddish y un lirismo crudo para denunciar injusticias.
La dictadura militar lo obligó al exilio en 1976. Ese año, su hijo Marcelo y su nuera María Claudia Iruretagoyena fueron secuestrados y asesinados por la represión; ella estaba embarazada, y el nieto robado, Macarena, fue recuperado por Gelman en Uruguay en 2000 tras años de búsqueda. Este reencuentro inspiró poemas inolvidables. Colaboró con Osvaldo Bayer en Exilio y con Mara La Madrid en Ni el flaco perdón de Dios. Premiado con el Nacional de Poesía en 1997 y el Cervantes en 2007 —el máximo galardón hispano—, escribió columnas en Página/12 hasta su muerte el 14 de enero de 2014 en México, a los 83 años.
Hoy, Gelman sigue vigente: sus versos resuenan en antologías y recitales, recordándonos la resistencia cultural frente a la barbarie. En Argentina, donde la memoria por los desaparecidos es un eje identitario, su legado inspira a nuevas generaciones de poetas.