Buenos Aires, 24 de mayo 2026. El 24 de mayo de 1974 murió en Nueva York Duke Ellington, una de las figuras más trascendentes en la historia del jazz y de la música del siglo XX. Tenía 75 años y dejaba detrás una obra monumental que cambió para siempre el panorama musical.
Nacido en Washington en 1899, Ellington comenzó a destacarse como pianista desde muy joven. Con el tiempo lideró una de las big bands más importantes de todos los tiempos y desarrolló un estilo sofisticado que combinó jazz, swing y composición orquestal.
Su salto a la fama se produjo en los años 20 gracias a sus presentaciones en el mítico Cotton Club de Harlem, uno de los epicentros culturales de Nueva York. Allí construyó una identidad musical innovadora que lo convirtió rápidamente en una referencia internacional.
Entre sus composiciones más reconocidas aparecen clásicos como “Caravan”, “Satin Doll” y “Jeep’s Blues”, piezas fundamentales dentro del repertorio del jazz. Pero su obra fue mucho más allá del entretenimiento: Ellington llevó el jazz hacia terrenos artísticos complejos y ambiciosos.
Junto a su histórico colaborador Billy Strayhorn desarrolló suites musicales inspiradas en autores como Shakespeare y trabajos conceptuales vinculados a la historia afroamericana. Obras como “Black, Brown and Beige” reflejaron la experiencia de la comunidad negra en Estados Unidos desde la esclavitud hasta el siglo XX.
Ellington rompió prejuicios en una época donde el jazz todavía era menospreciado por ciertos sectores académicos. Su música demostró que el género podía alcanzar niveles de sofisticación comparables con cualquier tradición clásica.
Tras su muerte, su legado continuó creciendo. En 1999, al cumplirse cien años de su nacimiento, recibió un Premio Pulitzer especial en reconocimiento a sus aportes culturales y artísticos.
Hoy es considerado uno de los mayores compositores estadounidenses de todos los tiempos y una figura esencial para comprender la evolución de la música moderna.