El 1 de mayo de 1933, en Londres, el vicepresidente Julio Argentino Roca (h) firmó con Walter Runciman el Pacto Roca-Runciman, permitiendo a Argentina reingresar al mercado mundial post-crisis de 1929 con cuotas fijas de carne británica.
A cambio, Argentina concedió el monopolio a los frigoríficos ingleses, eximió aranceles al carbón y productos británicos, y «tratamiento benévolo» a empresas del Reino Unido.
Criticado por Lisandro de la Torre por corrupción y humillación —Roca lo llamó «parte integrante del Imperio Británico»—, renovado en 1936 por tres años.