El 10 de marzo de 1848, el Senado de Estados Unidos ratificó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, poniendo fin a la Guerra México-Estadounidense (1846-1848) y redefiniendo drásticamente el mapa de Norteamérica.
Este acuerdo, firmado dos meses antes en la Villa de Guadalupe Hidalgo, cerca de Ciudad de México, obligó a México a ceder más de 2,3 millones de kilómetros cuadrados —la mitad de su territorio— a cambio de 15 millones de dólares y el perdón de deudas por 3,25 millones. Las regiones transferidas incluyeron lo que hoy son California, Nevada, Utah, Nuevo México, la mayor parte de Arizona y Colorado, y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma. Texas, ya anexada por EE.UU. en 1845, vio confirmada su frontera al Río Grande.
La guerra había estallado por disputas territoriales tras la independencia de Texas en 1836, exacerbadas por el expansionismo estadounidense bajo el lema «Destino Manifiesto». México, debilitado por inestabilidad interna y la reciente guerra contra España, no pudo resistir el avance de tropas lideradas por Zachary Taylor y Winfield Scott, quien capturó la capital mexicana en septiembre de 1847. El tratado, negociado por el diplomático Nicholas Trist pese a órdenes de revocación del presidente James K. Polk, fue controvertido: en EE.UU., abolicionistas temían que los nuevos territorios fomentaran la esclavitud, acelerando tensiones que culminarían en la Guerra Civil; en México, se lo vio como una humillación, con el presidente Antonio López de Santa Anna exiliado.
El impacto perdura. La cesión impulsó la fiebre del oro en California (1849), facilitó la construcción del ferrocarril transcontinental y consolidó a EE.UU. como potencia continental. Para México, la pérdida territorial alimentó resentimientos nacionalistas, influyendo en su política exterior y en movimientos como la Reforma liberal de Benito Juárez. Hoy, el tratado evoca debates sobre fronteras, migración y desigualdades hemisféricas, recordándonos cómo un documento de 19 artículos alteró el destino de millones.
En el contexto actual, con tensiones migratorias en la frontera sur de EE.UU., el Tratado de Guadalupe Hidalgo resuena como un hito de imperialismo que moldea aún las relaciones bilaterales. México conmemoró su 175° aniversario en 2023 con exposiciones y foros, subrayando lecciones de soberanía.