Atlántico Norte, 14 de abril de 1912. A las 23:40, el Titanic, el trasatlántico más lujoso y «insumergible» de su era, choca contra un iceberg durante su viaje inaugural desde Southampton hacia Nueva York (detalles en Página/12). Cuatro horas después, a las 2:20 del 15 de abril, el buque desaparece bajo las gélidas aguas cerca de Terranova, cobrando la vida de 1.517 de las 2.223 personas a bordo.

Prometido como una fortaleza flotante —»ni Dios podría hundirlo», decían sus promotores—, el Titanic albergaba a millonarios como John Jacob Astor y figuras como la millonaria Molly Brown. La tragedia expuso fallos garrafales: botes salvavidas insuficientes (solo para 1.178), exceso de velocidad pese a avisos de icebergs y una estructura con mamparos inadecuados. Mujeres y niños priorizados en el abandono salvaron 706 vidas, pero el caos y el pánico marcaron el desastre, el mayor naufragio en tiempos de paz.

Robert Ballard localizó los restos en 1985 a 3.800 metros de profundidad, confirmando la proa partida del buque. El suceso impulsó reformas marítimas globales: más botes, radio permanente y patrullas de hielo. Películas como la de Cameron en 1997 inmortalizaron la historia, pero el Titanic sigue siendo lección de hybris humana.

Hoy, 114 años después, evoca vulnerabilidad ante la naturaleza. Expediciones continúan explorando el sitio, un cementerio submarino protegido. (Notigital, 14/4/2026).

Fuente: Página 12.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.