Miguel Gila, uno de los humoristas más icónicos del siglo XX, nació el 12 de marzo de 1919 en Madrid, España. Su vida fue un guion de comedia negra: combatió en el bando republicano durante la Guerra Civil Española y escapó milagrosamente a un fusilamiento finciendo su muerte, ya que el pelotón ejecutor estaba ebrio y falló todos los disparos.
Prisionero tras la contienda, inició su carrera en prensa gráfica y radio, pero el franquismo lo obligó a exiliarse en 1962. Llegó a Buenos Aires, donde conquistó al público con su estilo único, antes de regresar a la España democrática.
Gila revolucionó el humor con monólogos telefónicos, simulando diálogos absurdos que popularizaron la muletilla “¡Que se ponga!”. Sus sketches pacifistas y satíricos, como llamadas a la guerra o reclamos cotidianos, capturaban la ironía de la existencia humana. En Argentina, su paso dejó huella en la escena radial y televisiva, influyendo en generaciones de comediantes locales. Murió el 20 de julio de 2001 en Barcelona, a los 82 años, pero su legado perdura en archivos sonoros y documentales que reviven su genialidad.
Hoy, en un mundo saturado de memes y stand-up, Gila recuerda que el humor es resistencia. Su historia inspira a artistas argentinos como los de Notigital, que usan la sátira para cuestionar el poder. En el Día del Escudo Nacional, su exilio y retorno simbolizan la defensa de la libertad de expresión, un valor patria eterna.