Buenos Aires, 25 de mayo 2026. El 25 de mayo de 1862 falleció en la ciudad de Sucre, Bolivia, Juana Azurduy, una de las figuras más importantes de las guerras por la independencia en América del Sur. Tenía 81 años y murió en la pobreza, lejos del reconocimiento que merecía por su lucha contra el dominio español.
Nacida en Chuquisaca en 1780, Juana Azurduy se convirtió en una de las principales líderes militares del Alto Perú. Junto a su esposo, Manuel Padilla, organizó tropas revolucionarias que enfrentaron a los realistas durante años. Ambos participaron activamente en la resistencia independentista en territorios que hoy pertenecen a Bolivia y el norte argentino.
Azurduy combatió en numerosas batallas y ganó prestigio por su valentía. Una de sus acciones más recordadas ocurrió en Villar, donde encabezó un ataque contra las fuerzas españolas y logró capturar el estandarte enemigo, además de armas y municiones. Ese episodio le valió el reconocimiento como teniente coronel.
La muerte de su esposo, capturado y decapitado por los españoles, marcó profundamente su vida. A pesar de las pérdidas familiares y de las dificultades económicas, continuó vinculada a la causa revolucionaria. Su principal referente político y militar fue Martín Miguel de Güemes, cuya muerte también significó el final de gran parte de la resistencia en la región.
Durante décadas, la figura de Juana Azurduy fue invisibilizada por la historia oficial. Sin embargo, con el paso del tiempo su rol comenzó a ser reivindicado tanto en Argentina como en Bolivia, donde es considerada una heroína de la independencia.
Hoy, Juana Azurduy representa la lucha de las mujeres en los procesos emancipadores y el compromiso con la libertad de los pueblos latinoamericanos.