Foto Facebook.

Tres de Febrero, 19 de mayo de 2026. En tiempos de crisis económica, aunque el Gobierno nacional piense lo contrario, las familias de clase media y baja van recortando gastos de todo tipo y, en muchos casos, las actividades deportivas son de las primeras en quedar afuera del presupuesto.

En los últimos años, el deporte comenzó a verse cada vez más desde una lógica profesional. Y no está mal pensarlo así, porque la competencia y el alto rendimiento también forman parte de su esencia. Sin embargo, quizás el problema aparece cuando todo queda reducido únicamente a eso: competir, ganar y destacarse.

Si el deporte también se organizara desde una mirada más recreativa, probablemente muchas más personas se interesarían en practicar alguna actividad física sin sentir la presión de convertirse en atletas profesionales. Lo mismo sucede muchas veces desde los municipios, donde el enfoque suele estar puesto en competir contra otros distritos. Y, nuevamente, no está mal hacerlo. El problema aparece cuando parece que solamente hay lugar para quienes tienen condiciones sobresalientes o aspiran a vivir del deporte.

No todos quieren ser profesionales. Mucha gente solo busca jugar, distraerse, socializar y sentirse mejor física y mentalmente. Pero muchas veces quienes no tienen grandes habilidades terminan frustrándose porque no encuentran espacios donde participar sin exigencias extremas.

Donde más se nota esta dificultad es en una franja etaria muy particular: las personas de entre 35 y 50 años. Ya no tienen la edad para iniciar una carrera profesional, pero tampoco son “grandes” como para abandonar la actividad física. Ahí es donde, al menos desde mi mirada, falta una política deportiva más inclusiva y recreativa.

En distritos como Tres de Febrero, tanto los clubes de barrio como el propio municipio podrían generar más propuestas pensadas para esa etapa de la vida. Espacios donde el objetivo principal no sea competir, sino simplemente disfrutar del deporte.

Es evidente que para los chicos hacer actividad física es positivo. Una hora más en un club puede ser también una hora menos expuestos a otras tentaciones o problemáticas sociales. Pero en tiempos de crisis económica, incluso eso empieza a volverse difícil.

Hoy practicar deportes muchas veces depende directamente del dinero. El caso del pádel es un ejemplo claro. Con el regreso de su popularidad, cada vez hay más canchas, pero jugar regularmente implica pagar alquileres caros, clases y equipamiento. Para muchos, eso hace casi imposible acceder al deporte, aprender o simplemente socializar.

Y ahí aparece otro punto importante: el deporte no solo mejora la salud física. También fortalece vínculos, ayuda a la salud mental y permite hacer nuevos amigos. La vida no debería pasar únicamente por producir, competir o rendir constantemente.

¿Por qué no puede existir también el derecho a divertirse? ¿Por qué todo debe vivirse al extremo? Tal vez la discusión pendiente sea justamente esa: cómo construir una sociedad donde el deporte vuelva a ser también un espacio de encuentro, recreación y bienestar para todos.

Sobre Nosotros

Avatar

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 48 años , Periodista de Tres de Febrero.