Tres de Febrero 2026. El exintendente de Diego Valenzuela volvió a instalar en sus redes sociales una mirada particular sobre la figura de Manuel Belgrano, basada en su libro “Belgrano, el primer liberal”. A través de publicaciones en X, insiste en rescatar un costado económico del prócer, asociándolo a ideas liberales modernas y al pensamiento fisiócrata europeo.

“Como buen seguidor de los fisiócratas, Manuel Belgrano puso prioridad en el desarrollo de la agricultura”, escribió recientemente Valenzuela. Y acompañó el mensaje con frases históricas atribuidas al creador de la bandera: “Persuadámonos, señores, que en esta Provincia la verdadera mina es la tierra bien cultivada”, “Un Estado agricultor debe estar poblado de ricos labradores”.

La discusión no parece menor. En tiempos donde la política argentina busca permanentemente referencias históricas para legitimar posiciones actuales, la figura de Belgrano vuelve a convertirse en terreno de disputa ideológica. El problema aparece cuando se intenta trasladar de manera lineal el pensamiento de un hombre del siglo XVIII y XIX a debates completamente distintos, atravesados por otra realidad económica, tecnológica y social.

Belgrano vivió en un mundo sin inteligencia artificial, sin automatización, sin robótica y sin revolución digital. Un mundo donde recién comenzaban a consolidarse los intercambios comerciales entre regiones y donde las economías dependían fuertemente de la producción primaria. En ese contexto, pensar el desarrollo agrícola como motor económico no era una excentricidad liberal, sino una necesidad concreta de la época.

En la Argentina actual, pensar el modelo económico desde la idea de los “ricos labradores” que planteaba Belgrano resulta difícil de trasladar de manera literal. El campo argentino de hoy está lejos de aquella estructura imaginada por los fisiócratas: la tierra se concentra en pocas manos, la mecanización redujo enormemente la necesidad de mano de obra y, en términos reales, sectores como la industria, el comercio y los servicios generan mucho más empleo directo. El país ya no se mueve solamente alrededor de la agricultura, sino en una economía mucho más compleja y atravesada por la tecnología, la automatización y las finanzas globales.

Reducir a Belgrano únicamente a una mirada “liberal” puede resultar tan parcial como apropiarse de cualquier prócer para encajar su pensamiento en las discusiones políticas actuales. Porque el mismo Belgrano que promovía el comercio y la producción también defendía la educación pública, impulsaba escuelas gratuitas, promovía la industria nacional y tenía una fuerte preocupación social por el desarrollo colectivo de las Provincias Unidas.

Pero además, el propio Belgrano no puede resumirse únicamente en ideas que hoy algunos llamarían “liberales”. Junto a Mariano Moreno, impulsó políticas vinculadas a una fuerte participación del Estado para sostener el proyecto independentista y el desarrollo económico local. Lo que actualmente muchos definirían como un “Estado presente”. Desde esa misma lógica, otro autor podría tomar esos aspectos y escribir perfectamente sobre un Belgrano “proteccionista” o incluso “progresista”.

La utilización de los próceres en la política tampoco es nueva. Distintos gobiernos y espacios ideológicos, desde liberales hasta nacionalistas, peronistas o conservadores, reinterpretaron a figuras como José de San Martín, Juan Bautista Alberdi o el propio Belgrano según el clima de época. Cada sector rescata una parte del pensamiento y deja otras en segundo plano. Lo novedoso quizás no sea la apropiación política de la historia, sino la velocidad con la que hoy se construyen relatos desde redes sociales como X, donde frases cortas y recortes históricos terminan reemplazando debates más profundos.

También hay una contradicción interesante en querer presentar a Belgrano únicamente como un defensor del libre mercado moderno. El creador de la bandera pensaba en una economía para un territorio colonial y atrasado, donde el objetivo principal era generar producción, poblar regiones y romper dependencias con España. No hablaba de corporaciones multinacionales, plataformas digitales o mercados financieros globalizados como existen hoy. Intentar trasladar automáticamente aquellas ideas al presente puede resultar forzado y hasta anacrónico.

Entonces aparece una pregunta inevitable: ¿con cuál Belgrano nos quedamos? ¿Con el “liberal” que rescata Diego Valenzuela o con el dirigente que defendía medidas estatales para proteger la producción y construir soberanía junto a Moreno? Tal vez la respuesta sea que Belgrano fue ambas cosas y mucho más. Intentar encerrarlo en una sola categoría ideológica moderna probablemente diga más de las disputas políticas actuales que del propio prócer.

Porque muchas veces, más que conocer “el Belgrano que no te contaron”, lo que termina apareciendo es el Belgrano que algunos sectores necesitan contar hoy.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 48 años , Periodista de Tres de Febrero.