El 15 de mayo de 2004 murió en Madrid, a los 91 años, Narciso Ibáñez Menta, considerado uno de los artistas más importantes de la historia del terror en la televisión y el cine de habla hispana.
Había nacido en Asturias, España, en 1912, pero gran parte de su carrera se desarrolló en la Argentina, país donde alcanzó enorme popularidad gracias a sus actuaciones y a su capacidad para construir personajes inquietantes y memorables.
Dueño de un talento extraordinario para la caracterización, Ibáñez Menta revolucionó la televisión argentina con ciclos que mezclaban suspenso, horror y misterio en tiempos donde el género era prácticamente inexistente en la pantalla local.
Entre sus trabajos más recordados aparecen “El hombre que volvió de la muerte”, “Historias para no dormir”, “¿Es usted el asesino?” y “El pulpo negro”. Su capacidad interpretativa y su manejo del maquillaje le permitían transformarse completamente para cada personaje.
En cine participó de clásicos como “La bestia debe morir”, “Obras maestras del terror”, “Procesado 1040” y “Los muchachos de antes no usaban arsénico”. También trabajó en películas populares como “La cigarra no es un bicho” y “Vidalita”.
Su influencia fue enorme en generaciones posteriores de realizadores y actores vinculados al terror y al suspenso. Muchos consideran que abrió el camino para producciones televisivas más audaces y sofisticadas en América Latina.
Además, fue el padre del reconocido realizador Narciso Ibáñez Serrador, creador de ciclos históricos de terror en España.
A pesar del paso de los años, la figura de Narciso Ibáñez Menta continúa siendo sinónimo de calidad artística y de innovación televisiva. Su legado permanece vivo en la memoria de quienes crecieron viendo sus historias y en el reconocimiento de la cultura audiovisual argentina.