El 19 de mayo de 1995 murió Jaime de Nevares, una de las figuras más respetadas de la Iglesia argentina por su compromiso con los derechos humanos y las luchas sociales.
Tenía 80 años y había dedicado gran parte de su vida pastoral a la provincia de Neuquén, donde fue designado como el primer obispo de la diócesis creada en 1961. Desde allí desarrolló una intensa tarea social vinculada a trabajadores, comunidades mapuches y sectores populares.
Durante la última dictadura militar argentina se destacó como uno de los pocos integrantes de la Iglesia que denunció públicamente las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen. Su postura crítica lo convirtió en referencia moral para familiares de desaparecidos y organismos de derechos humanos.
Con el regreso de la democracia integró la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, encargada de investigar los crímenes de la dictadura y elaborar el informe Nunca Más.
También se manifestó contra las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, impulsadas durante el gobierno de Raúl Alfonsín, por considerar que garantizaban impunidad a los responsables del terrorismo de Estado.
En 1994 fue elegido convencional constituyente por el Frepaso para participar de la reforma de la Constitución Nacional. Sin embargo, renunció pocos días después de iniciada la Convención Constituyente en rechazo al funcionamiento político derivado del llamado Pacto de Olivos entre el PJ y la UCR.
La figura de De Nevares quedó asociada a una Iglesia comprometida con las causas populares y con la defensa irrestricta de los derechos humanos, posición que le otorgó reconocimiento incluso entre sectores alejados del catolicismo.