El 30 de abril de 1977, un sábado, catorce madres de desaparecidos por la dictadura militar argentina se reunieron en la Plaza de Mayo, iniciando una lucha emblemática por los derechos humanos que perdura.
Lideradas por figuras como Azucena Villaflor, marcharon cada jueves reclamando por sus hijos secuestrados en el marco del terrorismo de Estado, que dejaron 30 mil desaparecidos. En plena represión, su coraje fue un acto de resistencia civil.
La visibilidad creció con la prensa internacional llegada para el Mundial de 1978, que arrancó un jueves: cámaras holandesas capturaron sus rondas solitarias frente a la Casa Rosada. Las Madres evolucionaron en Línea Fundadora y Asociación, recibiendo el Nobel de la Paz en 1986 como colectivo. En Argentina, su legado impulsó juicios a represores y el Nunca Más. Hoy, en un país con debates sobre memoria, esta primera ronda simboliza la dignidad frente al horror estatal y la fuerza de las mujeres en la historia patria.