El pintor irlandés Francis Bacon murió el 28 de abril de 1992 en Madrid, a los 82 años, dejando un corpus de más de 500 óleos y 600 dibujos que capturan el horror humano con figuras retorcidas.
Nacido en Dublín en 1909, su estilo visceral —influido por la posguerra y su homosexualidad reprimida— ilustra secuencias de «El último tango en París». Obras como «Estudio de George Dyer» alcanzaron récords en subastas, superando los 100 millones de dólares.
Treinta y cuatro años después, Bacon sigue desafiando: sus tripticos gritan angustia existencial en museos del mundo. En era de arte digital, su pincel crudo recuerda el poder de lo visceral.