El 28 de abril de 1965, Estados Unidos lanzó una invasión militar a República Dominicana, enviando 22.000 marines bajo órdenes del presidente Lyndon B. Johnson.

El pretexto: evitar «una segunda Cuba» en el Caribe ante una guerra civil desatada tras el derrocamiento de los leales al ex presidente Juan Bosch, electo democráticamente en 1962 pero tumbado por un golpe en 1963. Tras el asesinato del dictador Rafael Trujillo en 1961, insurgentes constitucionalistas tomaron el poder el 24 de abril, desatando choques entre facciones. Washington, temiendo un giro comunista, intervino con el pretexto de proteger vidas estadounidenses, aunque la OEA respaldó la operación con tropas de Brasil, Paraguay y otros países latinoamericanos. Argentina, bajo Arturo Illia, se negó a participar.

La invasión duró siete meses, derrotando a los bosquistas y allanando el camino a elecciones en 1966, ganadas por Joaquín Balaguer, aliado de Trujillo que gobernó hasta 2002 con mano dura. Este episodio, criticado como neocolonialismo, tensó relaciones hemisféricas y dejó 44 soldados yankis muertos y miles de dominicanos afectados. Sesenta y un años después, resuena en debates sobre intervenciones gringas en América Latina, desde Panamá hasta Irak. Documentos desclasificados revelan el pánico anticomunista de Johnson, recordándonos cómo la Doctrina Monroe aún proyecta sombras sobre la soberanía regional.

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Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.