Harper Lee, la escritora estadounidense que revolucionó la literatura con su mirada incisiva sobre el racismo y la injusticia en el sur profundo de Estados Unidos, nació el 28 de abril de 1926 en Monroeville, Alabama.
Criada en un entorno marcado por la segregación racial, Lee forjó una amistad de juventud con Truman Capote, otro gigante de las letras, quien más tarde la inmortalizaría en sus memorias. Su debut literario llegó en 1960 con «Matar a un ruiseñor», una novela semiautobiográfica que narraba la historia de Atticus Finch, un abogado defensor de la igualdad en un juicio contra un hombre negro acusado injustamente. El libro no solo ganó el Premio Pulitzer de Ficción ese año, sino que se convirtió en un fenómeno global, con más de 40 millones de copias vendidas y una adaptación cinematográfica en 1962 protagonizada por Gregory Peck, que le valió tres Oscars.
Lee, reservada y reacia a la fama, vivió gran parte de su vida en las sombras de su obra maestra. No publicó nada más durante más de medio siglo, hasta 2015, cuando salió a la luz «Ve y pon un centinela», una secuela controvertida que revelaba facetas más complejas de sus personajes. Falleció pocos meses después, el 19 de febrero de 2016, a los 89 años, dejando un legado que trasciende la literatura: su novela sigue siendo lectura obligatoria en escuelas de todo el mundo y un referente en la lucha contra la discriminación. En un contexto actual donde los debates sobre justicia racial resurgen, la voz de Lee recuerda que la empatía y el coraje individual pueden desafiar sistemas opresivos. Hoy, 98 años después de su nacimiento, «Matar a un ruiseñor» inspira nuevas generaciones a cuestionar prejuicios arraigados.