El 19 de abril de 1987 culminó la crisis de Semana Santa en Argentina. Ante la resistencia del teniente coronel Aldo Rico en Campo de Mayo, el presidente Raúl Alfonsín fue en persona a intimarlo, regresando a Plaza de Mayo con apoyo popular.
Anunció el fin de la rebelión, llamando «héroes de Malvinas» a los alzados en tono conciliador, y cerró con «La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina».
Días después, el Congreso debatió la Ley de Obediencia Debida, ampliando el Punto Final para impunidad en crímenes de lesa humanidad, salvo robo de bebés. Esta resolución marcó el ocaso del alfonsinismo.