El 16 de abril de 1987, Jueves Santo, el teniente coronel Aldo Rico amotinó la Escuela de Infantería en Campo de Mayo en solidaridad con Ernesto Barreiro, acusado de violaciones a DD.HH.
Reclamaban fin a juicios por crímenes de la dictadura, fuera de la Ley de Punto Final.
Raúl Alfonsín regresó de Chascomús y declaró «no hay nada que negociar» desde el Congreso. La crisis «carapintada» duró días y tensionó la joven democracia.