El 23 de febrero de 2002, la política colombiana Ingrid Betancourt, candidata presidencial por el partido Verde Oxígeno, fue secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la zona de distensión de El Caguán, mientras realizaba campaña para las elecciones generales.

Betancourt viajaba en una caravana hacia un mitin en las cercanías de San Vicente del Caguán, epicentro de fallidas negociaciones de paz con el gobierno de Andrés Pastrana. Las FARC, en medio de su ofensiva armada, interceptaron el convoy y se llevaron a la candidata, su jefe de campaña y otros acompañantes, en un golpe que conmocionó a Colombia y al mundo.

Durante más de seis años, Betancourt vivió en la selva como rehén, sufriendo abusos, enfermedades y aislamiento. Su secuestro simbolizó el drama de los miles de víctimas del conflicto armado colombiano. En julio de 2008, el Ejército colombiano la rescató en una operación de inteligencia en el departamento del Guaviare, junto a otros 14 cautivos, sin disparar un tiro. La «Operación Jaque» fue un hito en la lucha contra las guerrillas.

Liberada, Betancourt relató su calvario en el libro «No hay silencio que no termine» y se convirtió en activista por los derechos humanos. Hoy, reside en Francia y sigue denunciando el narcoterrorismo. Su caso impulsó la desmovilización parcial de las FARC y el acuerdo de paz de 2016, recordándonos el costo humano de la violencia política en América Latina.

Con AFP.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.