Gdansk, Prusia Oriental (hoy Polonia), 22 de febrero de 1788. En una época de revoluciones y avances científicos, nace Arthur Schopenhauer, el pensador alemán que revolucionó la filosofía occidental con su visión pesimista del mundo.

Hijo de un comerciante prusiano, Schopenhauer creció en un ambiente culto, viajando por Europa y estudiando en universidades como Göttingen y Berlín. Su obra maestra, El mundo como voluntad y representación (1819), postula que la realidad es doble: el mundo como representación (fenómeno percibido por los sentidos) y como voluntad (una fuerza ciega e irracional que impulsa todo, origen del sufrimiento humano).

Influido por Kant, el hinduismo y el budismo —que conoció a través de textos como los Upanishads—, Schopenhauer rechazó el optimismo hegeliano dominante. Para él, la vida es un ciclo de deseo insaciable, dolor y aburrimiento, solo aliviado por el arte, la estética y la negación de la voluntad vía ascetismo. Sus ideas impactaron a Nietzsche, Wagner, Freud y hasta el existencialismo moderno.

Aunque ignorado en vida —vivió de rentas en Frankfurt hasta 1860—, su pesimismo filosófico resurgió en el siglo XX, explicando crisis como las guerras mundiales. Hoy, en un mundo de ansiedad colectiva, Schopenhauer sigue vigente: «La vida oscila como un péndulo entre el dolor y el aburrimiento». Su legado invita a reflexionar sobre la voluntad humana en tiempos de incertidumbre global.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.