El 20 de febrero de 1872, Manhattan vio nacer uno de sus tesoros culturales: el Museo Metropolitano de Arte, conocido como The Met. Inaugurado en un modesto edificio en la calle 14, este ícono alberga hoy más de dos millones de obras, desde momias egipcias hasta pinturas de Van Gogh, atrayendo a 7 millones de visitantes anuales.
Fundado por un grupo de industriales y filántropos neoyorquinos inspirados en el Louvre parisino, el Met buscaba democratizar el arte en la joven América industrial. Su primera colección incluía donaciones de esculturas clásicas y pinturas europeas. En 1880 se mudó a Central Park, donde su fachada neoclásica diseñada por Richard Morris Hunt se convirtió en símbolo de opulencia cultural. Exposiciones como «Armour of the Samurai» o «Picasso’s embrace» han marcado épocas, mientras su escalera principal, intervenida por artistas contemporáneos, fusiona tradición y modernidad.
El Met no es solo un museo: es un complejo de 17 departamentos que abarca 5.000 años de historia humana. Su influencia global se ve en blockbusters como «The Met Gala», que dicta tendencias moda-anuales. Financiado por entradas, donaciones y patrocinios, resiste desafíos como la pandemia con visitas virtuales que suman millones.
En un mundo digital, el Met recuerda el poder del arte físico para unir culturas. Para argentinos amantes del arte, es meta obligada en Nueva York.