El 29 de enero de 1997 fallecía en Buenos Aires Osvaldo Soriano, a los 54 años, víctima de cáncer, dejando un legado como uno de los escritores argentinos más leídos y queridos de su tiempo.
Nacido el 6 de enero de 1943 en Mar del Plata, de padre catalán inspector de Obras Sanitarias y madre tandilense, Soriano deambuló por pueblos bonaerenses y patagónicos en su infancia, forjando su mirada irónica sobre la Argentina profunda. Futbolista amateur frustrado por lesiones, viró al periodismo deportivo en El Eco de Tandil, luego en Primera Plana, La Opinión y Noticias, donde su pluma afilada denunció corrupción y dictadura.
Exiliado en 1976 tras el golpe militar, vivió en México, Bruselas y París hasta 1984, colaborando con Il Manifesto, Le Monde y El País. Regresó con la democracia de Alfonsín y se instaló en Página/12. Su debut literario, Triste, solitario y final (1973), lo catapultó: novela negra sobre un futbolista fracasado, elogiada por Bioy Casares. Siguieron No habrá más penas ni olvido (1980, cine con Leonardo Favio), Cuarteles de invierno (1982, adaptación francesa), El ojo de la patria (1992, espía delirante) y Una sombra ya pronto serás (1990, filmada por Olivera). Sus libros, traducidos a 15 idiomas y editados en 20 países, vendieron miles pese al desdén académico; Norma pagó US$500.000 por derechos en 1995.
Soriano fusionó crónica, humor y melancolía, con San Lorenzo, gatos y peronismo en sus páginas. Padre tardío de Manuel (1989), fundó Sin censura con Cortázar. En Notigital, desde Caseros, evocamos su voz porteña que retrató exilios, barrios y quimeras argentinas, inspirando a periodistas como nosotros 29 años después.