El 14 de mayo de 1995, Carlos Saúl Menem lograba la reelección presidencial con el 49,94% de los votos, un hito histórico en la democracia argentina: era el segundo presidente consecutivo en conseguirlo, emulando solo a Juan Domingo Perón (1973).

Competía en un sistema renovado por la reforma constitucional de 1994, que eliminó el Colegio Electoral, instauró el voto directo y permitió la reelección inmediata. Su principal rival, José Octavio Bordón (Frepaso), obtuvo 29,34%; Horacio Massaccesi (UCR) apenas 17%, el peor resultado radical en décadas, rompiendo el bipartidismo tradicional.

La elección se daba en un contexto de estabilidad aparente gracias a la Ley de Convertibilidad (1991), que fijó 1 peso = 1 dólar y erradicó la hiperinflación heredada de Alfonsín. Crecimiento del PBI (6% anual promedio 1991-1995), baja inflación (cero efectiva) y apertura comercial atrajeron inversiones extranjeras, desembarco de marcas globales y boom de consumo: «pizza con champán» simbolizaba la clase media aspiracional.

Sin embargo, este «milagro» tenía un costo social devastador. Las privatizaciones masivas (YPF, Aerolíneas Argentinas, ferrocarriles, telecomunicaciones) –más de 90 empresas estatales transferidas– generaron 70.000 despidos directos y hundieron industrias locales. El desempleo escaló al récord histórico del 18,4% (unos 7 millones sin trabajo), con subempleo al 20%. La pobreza rondaba el 25%, piqueteros emergían en el interior, y la informalidad laboral creció por la reforma laboral flexible (flexibilización, contratos basura). El IVA subió al 21% (1995) para tapar agujeros fiscales, golpeando a los sectores bajos.

En su segundo mandato (1995-1999), Domingo Cavallo dejó Economía por Roque Fernández ante la crisis Tequila (1994-95), que disparó deuda externa de USD 60.000 a 146.000 millones (43% PBI). Corrupción afloró (caso IBM-Banco Nación), fuga de capitales y recesión (1998: crisis asiática, rusa, brasileña) anticiparon el colapso de 2001. Menem prometió «salir del Tercer Mundo», pero dejó desigualdad: Gini de 0,45 (alto) y exclusión social que incubó la crisis.

En 2026, a 31 años, el menemismo divide: defensores alaban estabilidad que bancarizó la economía (depósitos PBI de 3% a 25%); críticos señalan privatizaciones como origen de vulnerabilidad energética y laboral actual. Su legado neoliberal moldeó Argentina moderna, para bien y mal.

Con NA.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 48 años , Periodista de Tres de Febrero.