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Tres de Febrero, 15 de mayo de 2026. Aunque faltan más de dos años para las elecciones presidenciales, el peronismo ya comenzó a mover sus primeras fichas rumbo al 2027. En las últimas horas, el exgobernador de San Juan, Sergio Uñac, empezó a posicionarse como posible candidato presidencial en unas eventuales PASO dentro del espacio.

Algunos periodistas y analistas políticos sostienen que Uñac podría contar con el aval de Cristina Fernández de Kirchner y de sectores importantes de La Cámpora. Sin embargo, gran parte de la discusión todavía depende de una incógnita central: si finalmente habrá o no elecciones primarias.

En caso de que el Congreso avance con la eliminación de las PASO, el peronismo deberá resolver sus diferencias a través de una gran interna partidaria o alcanzar una síntesis política que evite una fractura mayor. Pero esta vez el debate parece ir más allá de los nombres propios. Después de la experiencia del Frente de Todos, varios sectores coinciden en que no alcanzará solamente con construir una candidatura de unidad: también deberá existir un programa de gobierno claro y consensuado para evitar repetir errores del pasado.

El avispero interno comenzó a agitarse todavía más luego de un acto del Movimiento Derecho al Futuro, el espacio que lidera el gobernador bonaerense Axel Kicillof. Allí, un grupo de militantes desplegó una bandera con la consigna “Cristina Libre”, mientras también se habrían escuchado algunos reclamos vinculados a la interna del espacio.

Puertas adentro del kicillofismo aseguran que el gobernador siempre reconocerá el rol que tuvo Cristina Kirchner al impulsarlo políticamente en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, también remarcan una diferencia que consideran central: mientras el gobierno de Alberto Fernández fue derrotado por Javier Milei a nivel nacional, Kicillof logró sostener e incluso ampliar su volumen político al revalidar su mandato por otros cuatro años en la provincia más importante del país.

Para muchos sectores cercanos al gobernador, ese respaldo electoral no dependió exclusivamente del apoyo del kirchnerismo duro, sino también de una construcción propia y de un vínculo consolidado con parte del electorado bonaerense. Por eso, dentro de ese armado consideran que una eventual candidatura presidencial no sería una aspiración descabellada, sino una posibilidad políticamente construida.

Otros dirigentes y analistas, en cambio, imaginan un escenario más fragmentado para el peronismo. Algunos incluso trazan paralelismos con el período posterior a la crisis de 2001, cuando el voto peronista se dividió en distintas expresiones y Néstor Kirchner llegó a la presidencia con menos del 25% de los votos luego de que Carlos Menem decidiera bajarse del ballotage ante la posibilidad de sufrir una derrota contundente.

En ese contexto, tampoco parece descabellado pensar en una reedición de experiencias similares a Unidad Ciudadana: un gran frente electoral conformado por distintos partidos aliados al peronismo, aunque sin el sello tradicional del Partido Justicialista como principal ordenador político.

Por ahora, las piezas del tablero apenas empiezan a moverse. La gran incógnita no pasa solamente por quién encabezará una eventual candidatura presidencial, sino por si el peronismo será capaz de construir una propuesta política sólida después de la derrota de 2023. Porque mientras el desgaste del gobierno de Milei comienza a hacerse visible en distintos sectores sociales, la oposición todavía no logra transformar ese descontento en una alternativa política ordenada y competitiva.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 48 años , Periodista de Tres de Febrero.