El 19 de mayo de 1895 murió en combate el poeta, periodista y revolucionario cubano José Martí, una de las figuras más influyentes de América Latina. Tenía apenas 42 años cuando cayó herido durante la batalla de Dos Ríos, en plena guerra por la independencia de Cuba contra el dominio colonial español. Su muerte lo convirtió en símbolo de la lucha anticolonial y en uno de los próceres más importantes de la historia cubana.
Martí había dedicado gran parte de su vida a organizar el movimiento independentista. Exiliado durante años por sus ideas políticas, vivió en países como México, Guatemala, Venezuela y Estados Unidos, desde donde impulsó la causa cubana. En 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano, con el objetivo de coordinar la guerra definitiva contra España y garantizar una república independiente.
Pese a su intensa actividad intelectual y diplomática, decidió sumarse personalmente al levantamiento armado de 1895. Apenas un mes antes de morir había desembarcado en Cuba junto a otros revolucionarios para participar de la guerra. Su caída en combate fue interpretada rápidamente como el sacrificio de un hombre que llevó hasta las últimas consecuencias sus ideales políticos.
Además de su militancia, Martí dejó una obra literaria fundamental para la lengua española. Fue uno de los máximos exponentes del modernismo y escribió títulos como Ismaelillo, Versos libres y Versos sencillos. También publicó el célebre ensayo Nuestra América, considerado una de las reflexiones políticas más importantes sobre la identidad latinoamericana.
Como periodista trabajó para distintos medios del continente y alcanzó gran notoriedad gracias a sus crónicas enviadas al diario La Nación, donde narró acontecimientos internacionales con un estilo innovador y profundamente literario.
Más de un siglo después de su muerte, Martí continúa siendo una referencia política, cultural y literaria en toda América Latina. Su figura atraviesa generaciones y permanece asociada a la defensa de la soberanía, la justicia social y la unidad regional.