El 14 de mayo de 1976, las costas uruguayas escupían un horror indescriptible: ocho cadáveres de víctimas de la dictadura argentina, arrojados al Río de la Plata en los infames «vuelos de la muerte».

Entre ellos, Floreal Avellaneda, un adolescente de 15 años –la víctima más joven confirmada–, cuyo cuerpo no solo mostraba marcas de la caída desde el cielo, sino de haber sido empalado, causa probable de su muerte antes del vuelo. Hijo de militantes comunistas, Floreal fue secuestrado el 15 de abril junto a su madre Iris Pereyra en Villa Martelli, torturado en una comisaría y luego en Campo de Mayo.

Iris sobrevivió y testificó en el Juicio a las Juntas en 1985, exponiendo la brutalidad del régimen. En 2009, el Tribunal Oral Federal condenó a Santiago Omar Riveros, comandante de Campo de Mayo, y otros oficiales por homicidio y genocidio. Floreal cumpliría 16 años un día después del hallazgo. Su caso simboliza los 30.000 desaparecidos, incluyendo cientos de menores, y impulsó avances en derechos humanos, como el Índice de Abuelidad de las Abuelas de Plaza de Mayo.

En 2026, con juicios abiertos, su memoria urge justicia. Organizaciones como Sitios de Memoria Uruguay lo recuerdan como emblema contra el terrorismo de Estado. En Argentina, murales y documentales mantienen viva su historia, recordando que la dictadura no solo mató cuerpos, sino sueños de juventud.

Con NA.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 48 años , Periodista de Tres de Febrero.