Buenos Aires, 18 de mayo 2026. Mientras vuelve a instalarse el debate sobre la baja de retenciones y beneficios fiscales para el sector agropecuario, distintos economistas y especialistas advierten que mayores ganancias para los grandes pools de siembra no necesariamente se traducen en más puestos de trabajo ni en un crecimiento del empleo registrado.
En Argentina, el campo es uno de los principales generadores de divisas y exportaciones, especialmente a través de la soja, el maíz y el trigo. Sin embargo, la producción agrícola moderna está cada vez más mecanizada y requiere menos mano de obra directa que otros sectores de la economía.
Según datos de organismos económicos y estudios privados, el agro primario representa apenas entre el 3% y el 4% del empleo total del país, muy por debajo de sectores como la industria manufacturera, el comercio o la construcción.
La discusión reaparece cada vez que se plantea reducir impuestos o retenciones al campo bajo el argumento de que eso “genera trabajo”. Distintos analistas sostienen que la realidad muestra otra situación: una mayor rentabilidad para grandes productores o pools de siembra suele traducirse en una mayor concentración económica y en más ganancias, pero no necesariamente en nuevos empleos.
La agricultura extensiva, especialmente la producción de soja, funciona hoy con altos niveles de tecnología, maquinaria y automatización. Miles de hectáreas pueden ser trabajadas con muy poco personal gracias a sembradoras, cosechadoras y sistemas de agricultura de precisión.
En contraposición, sectores industriales como el textil, metalúrgico, alimenticio o el comercio requieren mucha más mano de obra por unidad producida. Por eso, históricamente la industria fue considerada uno de los principales motores del empleo y la movilidad social en Argentina.
Otro de los puntos que se discuten es quiénes terminan beneficiándose realmente con las exenciones fiscales. Pequeños y medianos productores suelen enfrentar costos crecientes, alquileres rurales elevados y dificultades de financiamiento, mientras que los grandes grupos agroexportadores y pools de siembra son quienes tienen mayor capacidad para absorber ganancias extraordinarias.
Además, especialistas remarcan que una reducción fuerte de impuestos al agro también impacta sobre la recaudación del Estado, en un país donde gran parte del presupuesto público se destina a jubilaciones, salud, educación, obra pública y políticas sociales.
El debate no pasa solamente por “campo sí o campo no”, sino por el modelo económico que se impulsa: uno basado principalmente en la exportación de materias primas o uno que además promueva sectores con mayor capacidad de generar empleo masivo y valor agregado.
En ese contexto, distintos economistas sostienen que incentivar únicamente la rentabilidad de los grandes actores agroexportadores no garantiza por sí solo un derrame económico sobre el conjunto de la sociedad ni una mejora significativa del empleo registrado.