Buenos Aires, 18 de mayo 2026. El 18 de mayo de 1781 quedó marcado como una de las fechas más dolorosas y simbólicas de la historia latinoamericana. Ese día fue ejecutado en Cuzco Túpac Amaru II, uno de los mayores símbolos de resistencia contra el dominio colonial español en América. Su verdadero nombre era José Gabriel Condorcanqui y era descendiente directo de Túpac Amaru I, el último soberano inca que resistió la conquista en el siglo XVI.

La rebelión encabezada por Túpac Amaru II comenzó en 1780 y rápidamente se convirtió en el mayor levantamiento anticolonial de Sudamérica antes de las guerras de independencia. Su movimiento no sólo cuestionó los abusos económicos y políticos del Virreinato del Perú, sino que también levantó consignas revolucionarias para la época: el fin de la esclavitud, la eliminación de los tributos indígenas y la libertad de los pueblos sometidos por la Corona española.

El líder revolucionario logró reunir a miles de indígenas, campesinos y sectores populares hartos de la explotación colonial. Su figura trascendió rápidamente el plano regional y comenzó a preocupar seriamente al poder virreinal. La insurrección fue brutalmente reprimida por las autoridades españolas, que buscaron dar un escarmiento ejemplificador para evitar nuevas rebeliones.

Tras ser capturado, Túpac Amaru II fue sometido a torturas extremas. Los españoles intentaron obtener nombres de otros dirigentes rebeldes, pero se negó a delatar a sus compañeros. Antes de su ejecución fue obligado a presenciar el asesinato de familiares cercanos, incluida su esposa, Micaela Bastidas, una figura clave en la organización del levantamiento.

El método elegido para matarlo buscaba sembrar terror. Intentaron descuartizarlo atando sus extremidades a caballos que tiraban en distintas direcciones, pero el cuerpo resistió. Finalmente fue decapitado públicamente. Tenía 43 años. La brutalidad de aquella ejecución quedó grabada en la memoria colectiva de los pueblos originarios y de toda América Latina.

Aunque la rebelión fue derrotada militarmente, el legado de Túpac Amaru II sobrevivió al paso del tiempo. Décadas después, los procesos independentistas que se extendieron por el continente retomaron muchas de sus ideas y reivindicaron su lucha como antecedente fundamental de la emancipación americana.

Hoy, más de dos siglos después, su nombre continúa siendo símbolo de resistencia popular, identidad indígena y lucha contra la opresión colonial.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 48 años , Periodista de Tres de Febrero.