El 26 de abril de 1986, a la 1:23 de la madrugada, el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil, en Ucrania (entonces URSS), explotó durante una prueba fallida, liberando una nube radiactiva equivalente a 500 veces la bomba de Hiroshima. Oficialmente, 31 muertes inmediatas — bomberos y operarios—, pero estimaciones independientes hablan de miles por cáncer, mutaciones y contaminación en Europa del Este.
La ciudad de Prípiat, a 3 km, con 50.000 habitantes, fue evacuada días después en pánico: «Por tres días», mintieron las autoridades de Gorbachov, que ocultaron el desastre por orgullo soviético. Detectores en Suecia alertaron al mundo el 28 de abril. La nube llegó a Bielorrusia (70% del fallout), Polonia y hasta Japón, activando alarmas en 13 países europeos.
Se movilizaron 600.000 «liquidadores» —soldados, mineros, científicos— para enterrar el reactor bajo un sarcófago de hormigón, en hazañas heroicas como el «túnel de la muerte». Prípiat quedó fantasma: parque de diversiones oxidado, escuela con juguetes abandonados. En 2016, un nuevo arco confina la radiación por 100 años.
Chernóbil aceleró la caída de la URSS, inspiró la serie de HBO y debates sobre energía nuclear. Hoy, zona de exclusión turística, recuerda riesgos tecnológicos. Notigital conmemora 40 años de esta tragedia humana y ambiental.