Nuevaport News, Virginia, vio nacer el 25 de abril de 1917 a Ella Fitzgerald, una de las voces más icónicas del siglo XX, apodada «Lady Ella» y «Primera Dama del Song».

Su legado trasciende el jazz, comparado con el impacto de Frank Sinatra en el cancionero estadounidense. Desde los años 30, Fitzgerald revolucionó el scat singing y colaboró con leyendas como Duke Ellington y Louis Armstrong, ganando 13 Grammys y un lugar eterno en la cultura popular.

Hija de inmigrantes, creció en Harlem y debutó en el Apollo Theater a los 17 años. Su carrera despegó con Chick Webb, grabando éxitos como «A-Tisket, A-Tasket». En solitario, sus Songbooks —dedicados a Gershwin, Cole Porter y otros— establecieron estándares interpretativos. Vendió millones de discos y llenó escenarios mundiales hasta los 70.

La diabetes la aquejó en sus últimos años: quedó casi ciega y perdió ambas piernas, pero su espíritu perduró hasta su muerte en 1996, a los 79 años. Hoy, su influencia resuena en artistas como Lady Gaga y Adele. En un mundo de voces efímeras, Fitzgerald permanece como símbolo de innovación y gracia vocal.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.