El 11 de marzo de 1955 moría en Londres Sir Alexander Fleming, el escocés de 73 años cuya observación casual cambió la medicina: la penicilina, primer antibiótico, obtenida del hongo Penicillium notatum. En 1928, notó que mataba bacterias en una placa contaminada, ganando el Nobel en 1945 con Florey y Chain.
Fleming también halló la lisozima, enzima antimicrobiana en lágrimas y saliva. Su descubrimiento salvó millones de vidas en guerras y pandemias, revolucionando tratamientos contra infecciones. En Argentina, la penicilina llegó en los 40, combatiendo sífilis y neumonías en hospitales públicos.
Su legado advierte hoy sobre superbacterias resistentes: el mal uso amenaza su obra. Notigital rinde tributo a Fleming, el bacteriólogo cuyo «error» fue un triunfo para la humanidad.