El 12 de febrero de 1804, el mundo de la filosofía perdía a uno de sus titanes: Immanuel Kant fallecía a los 79 años en Königsberg, hoy Kaliningrado en Rusia. Este pensador alemán, considerado el más influyente de la Europa moderna, revolucionó el conocimiento humano con su «crítica de la razón pura», sentando las bases del criticismo y allanando el camino al idealismo alemán.
Kant, nacido en 1724, vivió una existencia metódica en su ciudad natal, donde impartió clases en la universidad y desarrolló obras maestras como «Crítica de la razón práctica» y «Crítica del juicio». Su filosofía trascendental cuestionó los límites del entendimiento humano, diferenciando entre fenómeno (lo que percibimos) y noúmeno (la cosa en sí), influyendo en pensadores como Hegel y Schopenhauer. Fue un polímata: astrónomo, físico y ético, famoso por su imperativo categórico: «Actúa solo según la máxima que puedas desear que se convierta en ley universal».
Su muerte, por neumonía, coincidió con el auge napoleónico, un ironía para quien defendía la paz perpetua. Hoy, en un mundo de debates sobre IA y ética, Kant sigue vigente: su idea de autonomía moral inspira bioética y derechos humanos. En Argentina, su legado resuena en universidades como la UBA, donde se estudia su impacto en el derecho y la política. Notigital recuerda a este precursor de la modernidad, cuyo rigor intelectual sigue desafiando nuestra percepción de la realidad.