Estocolmo, Suecia, se convirtió en el último capítulo de una mente revolucionaria el 11 de febrero de 1650, cuando René Descartes, el filósofo, matemático y físico francés, exhaló su último aliento a los 53 años. Considerado el fundador de la geometría analítica y la filosofía moderna, Descartes dejó un legado que aún resuena en aulas y laboratorios del mundo.

Invitado por la reina Cristina de Suecia para impartir lecciones de filosofía, Descartes sucumbió a una neumonía agravada por el gélido clima nórdico y sus sesiones matutinas a las 5 de la mañana. Su muerte prematura no opacó su brillo: en obras como Discurso del método (1637) y Principios de la Filosofía (1644), acuñó su frase icónica «Cogito, ergo sum» («Pienso, luego existo»), un pilar del racionalismo que cuestionaba todo conocimiento previo para reconstruirlo desde la duda metódica.

Descartes fusionó matemáticas y filosofía, inventando el sistema de coordenadas cartesianas que transformó la geometría en álgebra. Su duda hiperbólica influyó en pensadores como Spinoza y Leibniz, y su método científico anticipó la Revolución Científica. Hoy, en un mundo de fake news y debates epistemológicos, su legado invita a pensar críticamente. En Argentina, su influencia se ve en universidades como la UBA, donde se estudia como base del pensamiento moderno. Descartes no solo pensó; demostró que la existencia comienza en la mente.

Con AFP.

Sobre Nosotros

Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.