En los últimos días, el intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela, ha estado en el centro de atención por su encuentro con dirigentes radicales “con peluca” en la Municipalidad.
Este movimiento forma parte de su estrategia para consolidar un gran frente antikirchnerista en la Provincia de Buenos Aires, con la ambición de posicionar su candidatura para el cargo de gobernador en 2027. Sin embargo, detrás de esta aparente actividad política, muchos vecinos ven un escenario de abandono en el distrito.
Valenzuela, quien recientemente se unió a La Libertad Avanza, busca atraer a dirigentes del PRO y radicales para fortalecer su posición política. Para lograrlo, necesita ganarse el apoyo de figuras como Karina Milei y Sebastián Parejas. Sin embargo, esta búsqueda de alianzas políticas ha generado descontento entre los habitantes de Tres de Febrero, quienes critican que el intendente dedique más tiempo a la política partidista que a resolver los problemas locales.
La situación en el distrito es preocupante. Calles deterioradas, servicios públicos deficientes y un sentimiento generalizado de abandono son solo algunos de los problemas que enfrentan los vecinos. Mientras tanto, Valenzuela parece más preocupado por su carrera política que por mejorar la calidad de vida de sus electores. La pregunta que surge es si este tipo de estrategias políticas realmente benefician a la comunidad o si solo sirven para engrasar las ruedas de la ambición personal.
En conclusión, la gestión de Valenzuela en Tres de Febrero está bajo escrutinio. Si bien su capacidad para articular alianzas políticas es notable, la verdadera prueba de su liderazgo radica en su capacidad para atender las necesidades de su comunidad. Hasta que no se priorice el bienestar de los vecinos sobre las aspiraciones políticas personales, el distrito seguirá sufriendo las consecuencias de un liderazgo más enfocado en el poder que en el servicio público.