Buenos Aires, 27 de marzo de 2026 – El 27 de marzo de 2020, en los albores de la pandemia de COVID-19, el Papa Francisco protagonizó un momento histórico: su tradicional bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo) en una Plaza de San Pedro completamente vacía.
Han pasado 6 años, pero la imagen del pontífice argentino solo bajo la lluvia sigue grabada como símbolo de soledad global.
Era Pascua de Resurrección, pero Italia, epicentro europeo del virus, cerraba todo: 80 mil contagios, miles de muertos diarios en Lombardía. Francisco, de 83 años, recorrió la plaza desierta en silla de ruedas, con máscara, rezando por el «fin de la pandemia». Ante el obelisco y las columnas de Bernini, sin fieles, impartió la indulgencia plenaria, un raro gesto eclesial.
Su homilía fue un grito profético: «Somos todos frágiles y desorientados, pero aquí estamos, como hermanos». Criticó el «individualismo estéril» y el «olvido de los pobres», evocando la cruz solitaria de Jesús. La bendición, con el Santísimo expuesto, incluyó la fórmula especial para crisis mundiales, última vez en 2014 por Oriente Medio.
Transmitida en vivo, conmovió al mundo: en Argentina, cadenas como TN y C5N la cubrieron; en Buenos Aires, barrios como La Boca y San Telmo rezaban en balcones. Francisco, primer papa latinoamericano, conectó con su raíz peronista-popular: «Nadie se salva solo».
Seis años después, con COVID endémico y nuevas pandemias latentes (mpox, gripe aviar), Notigital reflexiona: ¿aprendimos? Su mensaje anticipó vacunas solidarias y críticas al negacionismo. En el Vaticano, esa plaza vacía cambió protocolos papales para emergencias.
Recomendamos ver el video en YouTube del Vaticano para sentir el impacto.