El 26 de febrero de 1932 entraba en vigor en España la primera Ley del Divorcio, aprobada por la Segunda República.
Esta norma revolucionaria permitió la disolución matrimonial por mutuo acuerdo o causas graves, rompiendo siglos de tradición católica e impulsando la igualdad de género.
Promulgada en un contexto de reformas laicas, la ley reflejaba el espíritu republicano de modernización: mujeres podían divorciarse sin tutela masculina, un avance pionero en Europa. Duró poco, derogada por Franco en 1938, pero simbolizó luchas por derechos civiles.
En América Latina, influyó en debates sobre familia y Estado, resonando en reformas argentinas posteriores. Hoy, ante retrocesos globales en derechos, esta fecha celebra la osadía progresista. Notigital destaca su vigencia universal.