El 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Antonio Tejero irrumpió pistola en mano en el Congreso de los Diputados de Madrid, liderando a 200 guardias civiles en el fallido golpe de Estado conocido como «23-F» o «Tejerazo». Ocurrió durante la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente tras la dimisión de Adolfo Suárez.

Tejero, gritando «¡Quieto todo el mundo!», secuestró a los 350 diputados y al Gobierno en pleno. El rey Juan Carlos I, en un discurso televisado, rechazó el alzamiento y defendió la democracia joven postfranquista. El golpe colapsó a las 10 horas del 24 de febrero, con la rendición de los sublevados en el Congreso y el cuartel de Garzón.

Condenado a 30 años, Tejero salió en 1996. El 23-F expuso fragilidades de la Transición española, pero fortaleció la monarquía y la Constitución de 1978. Investigaciones revelaron nexos con ultraderecha, masonería y ETA.

Cuatro décadas después, el Tejerazo resuena en debates sobre populismo y erosión democrática en Europa. Documentales como «23-F: El día más difícil de la democracia» mantienen viva la lección: la vigilancia eterna contra los golpistas.

Con AFP.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.