El 17 de enero de 1950, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) notificaba a la FIFA su ausencia del Mundial de Brasil por «profundas diferencias» con la Confederación Brasileña. La decisión, firmada por el presidente AFA Juan Antonio Lacasa, respondía a reclamos por sedes, árbitros y «brasileñización» del torneo, en plena era peronista de nacionalismo deportivo.
Argentina, bicampeona olímpica, boicoteó el certamen que Uruguay ganó dramáticamente 2-1 a Brasil en el Maracaná, en el «Maracanazo». Sin los albicelestes, el torneo perdió brillo: Brasil soñaba con su primer título ante 200.000 almas. La AFA priorizó amistosos locales, pero el costo fue alto: aislamiento FIFA hasta 1958.
Hoy, evoca debates sobre política en el fútbol. Con Scaloni y Messi resurgiendo, esa renuncia duele. Documentales como «El camino de los campeones» la rescatan. ¿Hubiera cambiado la historia con Argentina allí?