El 17 de enero de 1920 marcó un hito controvertido en la historia estadounidense: entraba en vigor el Acta de Prohibición, conocida popularmente como Ley Seca o Ley Volstead. Esta norma federal prohibía la fabricación, transporte, importación, exportación y venta de bebidas alcohólicas con más de 0,5% de alcohol, impulsada por el movimiento pro-temperancia que veía en el alcohol la raíz de males sociales como la pobreza y la violencia doméstica.
La medida, aprobada por el Congreso en 1919 tras la 18ª Enmienda a la Constitución, generó un efecto rebote explosivo. En lugar de erradicar el consumo, desató un auge del crimen organizado. Figuras como Al Capone en Chicago capitalizaron el vacío legal con destilerías clandestinas, contrabando desde Canadá y México, y speakeasies —bares secretos— que proliferaron en las ciudades. La mafia italiana y judía controló un negocio negro valorado en miles de millones, financiando corrupción policial y política. Se estima que murieron miles por alcohol envenenado con metanol industrial.
La Ley Seca duró hasta 1933, derogada por la 21ª Enmienda amid la Gran Depresión, cuando el gobierno necesitaba impuestos sobre el alcohol. Hoy, evoca lecciones sobre prohibiciones fallidas: en Argentina, debates sobre narcotráfico o regulaciones de drogas reviven ecos de esa era. ¿Hubiera cambiado la historia sin ella? El submundo que gestó Hollywood y el jazz perdura en la cultura pop.