Hoy se cumplen 16 años del devastador terremoto que azotó Haití el 12 de enero de 2010, una de las tragedias naturales más letales de la historia moderna. Con una magnitud de 7,0 en la escala de Richter, el sismo epicentró su furia en Puerto Príncipe y sus alrededores, dejando un saldo trágico: más de 300.000 personas fallecidas, 300.000 heridas y cerca de 1.500.000 damnificados, según estimaciones de la ONU y organizaciones humanitarias.
El epicentro, a solo 25 kilómetros de la capital haitiana, generó réplicas que agravaron el caos. Edificios colapsaron como castillos de naipes, incluyendo el Palacio Nacional, la catedral de Puerto Príncipe y decenas de hospitales e infraestructuras clave. Haití, ya golpeado por la pobreza extrema, huracanes previos y una inestabilidad política crónica, enfrentó un colapso total: sin agua potable, electricidad ni servicios básicos, miles quedaron atrapados bajo escombros durante días.
La respuesta internacional fue inmediata pero caótica. Países como Estados Unidos, República Dominicana, Francia y naciones latinoamericanas enviaron ayuda masiva: aviones con víveres, equipos de rescate y millones en donaciones. La Cruz Roja recaudó más de 400 millones de dólares, mientras celebridades como Wyclef Jean y organismos como la ONU coordinaron esfuerzos. Sin embargo, la reconstrucción fue lenta: acusaciones de corrupción, coordinación deficiente y un nuevo cólera en 2010 sumaron 10.000 muertes más.
A 16 años, Haití aún lidera índices de pobreza en el hemisferio. El terremoto exacerbó desigualdades, desplazó a 1,5 millones de personas y dejó lecciones globales sobre resiliencia ante desastres. Hoy, con el cambio climático intensificando sismos y huracanes, la efeméride recuerda la urgencia de invertir en prevención y solidaridad internacional.
En América Latina, el suceso inspiró protocolos regionales de ayuda, como los de la OEA. Notigital rinde homenaje a las víctimas y destaca la necesidad de no olvidar: la humanidad se mide en la respuesta a la adversidad.