En Tres de Febrero, la gestión municipal parece atrapada en un limbo político que confunde a vecinos y genera sospechas. Diego Valenzuela, intendente que ya no lo es formalmente tras su licencia como senador provincial, sigue moviendo los hilos como si la silla de la intendencia fuera inamovible. Junto a él, Rodrigo Aybar y Daniela Reich forman un «triángulo de comando» que, lejos de clarificar el rumbo, multiplica las dudas: ¿quién gobierna de verdad en el distrito?
Valenzuela no suelta el timón. Aunque sin cargo nacional confirmado y con el cargo en Legislatura provincial de licencia, su agenda municipal rebosa actividad. Esta semana, en un evento por el Día del Trabajo y la Producción, se lo vio rodeado de empresas y comercios locales. «Gran encuentro con empresas y comercios de Tres de Febrero, por el Día municipal del trabajo y la producción. El 8 de abril de 1960 salió de la planta de Caseros el primer Fiat 600», tuiteó con orgullo nostálgico. Un guiño al pasado industrial de Caseros que, si bien evoca historia compartida, huele a campaña perpetua. Mientras el distrito enfrenta desafíos cotidianos como la inseguridad, el desempleo y la inflación que aprieta el bolsillo de los tresfebrerenses, el ex intendente prioriza actos simbólicos que lo mantienen en el centro de la escena.
En este enredo, Aybar y Reich juegan roles clave, pero subordinados. Aybar, como mano derecha en la gestión diaria, ejecuta sin brillar; Reich, esposa de Valenzuela, gana terreno con un perfil ascendente de cara a 2027. Ella multiplica apariciones públicas, desde recorridas barriales hasta eventos productivos, posicionándose como la heredera natural. ¿Es esto una transición ordenada o un comando en las sombras donde Valenzuela dicta desde afar, usando su licencia como salvavidas político?
El problema radica en la falta de claridad. Los vecinos merecen saber quién toma decisiones reales: ¿el senador ausente que actúa como jefe supremo, sus lugartenientes o la primera dama en ascenso? Esta indefinición no solo debilita la gestión —con obras demoradas y servicios estancados—, sino que anticipa un 2027 donde Tres de Febrero sea tablero de ajedrez para ambiciones personales. Valenzuela dice no soltar la intendencia, pero ¿a costa de qué? Es hora de que el triángulo se defina, o los tresfebrerenses seguirán preguntando: ¿Al final, quién gobierna?