El 28 de marzo de 1980, el Banco Central liquidó el Banco de Intercambio Regional (BIR), uno de los mayores privados argentinos, dejando 100.000 damnificados.
Simbolizó el colapso financiero de la dictadura: corrupción, especulación y devaluaciones arrasaron el «modelo». En dos años, cayeron 71 bancos más, con el peso devaluado 40.000%.
El BIR, epicentro de fraudes, reflejó el «capital financiero» sobre la producción, como retrata Plata dulce (1982) de Fernando Ayala. En Buenos Aires, miles perdieron ahorros, avivando protestas. Treinta años después, eco en crisis como 2001. Hoy, regula la AFIP, pero el BIR advierte sobre especulación.