En 1826, el general Juan Gregorio de Las Heras asumió el mando del Ejecutivo argentino provisional y emitió una proclama histórica aceptando la guerra declarada por el Imperio de Brasil. Este documento, redactado en un momento de máxima tensión, respondía a la invasión brasileña en la Banda Oriental (actual Uruguay), donde fuerzas imperiales buscaban anexar el territorio rioplatense bajo el pretexto de proteger a los orientales de la anarquía.

Las Heras, veterano de las guerras independentistas, convocó a las provincias argentinas a unificar esfuerzos, enfatizando la defensa de la soberanía fluvial y la integridad nacional frente a la ambición lusobrasileña.

La proclama no solo fue un acto administrativo, sino un catalizador patriótico que movilizó milicias y ejércitos bajo el mando de figuras como Carlos María de Alvear y Martín Rodríguez. Se distribuyó en Buenos Aires y el interior, generando adhesiones masivas de pesetas a la fragmentación política posrevolucionaria. El conflicto se agravó con batallas navales en el Río de la Plata, como el combate de Ituzaingó en 1827, que aunque victorioso para las fuerzas argentinas-orientales, no resolvió la guerra hasta la intervención británica y la creación del Estado uruguayo en 1828. Este episodio consolidó la doctrina de no agresión en el Cono Sur y prefiguró tensiones limítrofes que persisten.

Hoy, la proclama de Las Heras se estudia como ejemplo de liderazgo en crisis, recordando cómo Argentina pasó de la independencia española a defenderse de potencias vecinas. Su legado inspira reclamos soberanos contemporáneos y resalta la fragilidad de las naciones emergentes en el siglo XIX.

 

Con AFP.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.