El 26 de febrero de 1815, Napoleón Bonaparte escapaba de su exilio en la isla de Elba, regresando a Francia y desatando el efímero «Gobierno de los Cien Días» que culminaría en Waterloo. Este audaz movimiento, con solo 700 hombres, desafió a las potencias europeas y reavivó las llamas de la Revolución Francesa.
Desde Elba, Napoleón desembarcó en Golfe-Juan, marchando hacia París sin disparar un tiro: los soldados enviados contra él desertaron para unírsele. En 95 días, reorganizó su imperio, promulgó reformas liberales y preparó una Gran Armée. Su derrota final en Bélgica marcó el fin de una era, pero su legado de genio militar y visionario influyó en líderes mundiales, incluyendo tácticas independentistas en América Latina.
Para los argentinos, evoca las estrategias de héroes como San Martín, que admiraban el coraje napoleónico. Hoy, esta fecha subraya cómo un solo hombre puede alterar la historia con determinación. Notigital revive este hito como lección de audacia y efimeridad del poder.