Hoy, 8 de enero, se conmemora el nacimiento en 1942 de Stephen Hawking, el físico teórico, astrofísico y cosmólogo británico nacido en Oxford, Inglaterra, cuya mente iluminó los misterios del cosmos y se convirtió en un ícono de la ciencia universal. Considerada una de las mentes más prodigiosas de la historia, Hawking revolucionó nuestra comprensión del universo con sus trabajos pioneros sobre las singularidades espaciotemporales dentro del marco de la teoría de la relatividad general de Einstein.
Hawking irrumpió en la escena científica en la década de 1960, cuando un diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) le dio solo unos años de vida. Contra todo pronóstico, vivió hasta los 76 años, transformando su discapacidad en un símbolo de resiliencia humana. Su tesis doctoral de 1966, «Propiedades de los universos en expansión», sentó las bases para explorar los agujeros negros y el Big Bang. En 1974, propuso la «radiación de Hawking», un fenómeno que demuestra que los agujeros negros no son eternos, sino que emiten partículas y eventualmente se evaporan, uniendo la mecánica cuántica con la gravedad.
Autor del best-seller «Breve historia del tiempo» (1988), que vendió más de 25 millones de copias, Hawking democratizó conceptos complejos como el tiempo, el espacio y la creación del universo. Recibió doce doctorados honoris causa y la Orden del Mérito británico en 2009, entre otros galardones. Su voz robótica, generada por un sintetizador, se volvió inconfundible, y sus apariciones en series como «Los Simpson» o «The Big Bang Theory» lo convirtieron en un divulgador pop que inspiró generaciones.
Hawking no solo fue un científico; Fue un activista por la exploración espacial y la inteligencia artificial responsable. «El universo no necesita a Dios para encenderse», declaraba, defendiendo el ateísmo racional. Fallecido en 2018, su legado perdido en el telescopio espacial que lleva su nombre y en la pregunta que nos dejó: ¿cuál es el sentido de todo esto? En un mundo de certezas frágiles, Hawking nos recuerda que la curiosidad humana trasciende lo imposible.