París, 9 de enero de 1908. En el corazón de la Ciudad Luz, nace Simone de Beauvoir, la filósofa, escritora y activista francesa que revolucionaría el pensamiento sobre la mujer y la igualdad de género. Hija de una familia burguesa católica, Beauvoir rompió con las expectativas de su época desde joven: rechazó el matrimonio tradicional y forjó una vida intelectual junto a Jean-Paul Sartre, su compañero existencialista, sin renunciar a su independencia.
Su obra cumbre, El segundo sexo (1949), se erige como un pilar del feminismo moderno. En dos volúmenes exhaustivos, Beauvoir disecciona la opresión femenina como un constructo social: «No se nace mujer, se llega a serlo», sentencia en una frase que desarma siglos de patriarcado. Analiza cómo la biología, la historia y la cultura han relegado a la mujer a un rol secundario, «el Otro» frente al hombre. El libro, traducido a decenas de idiomas, inspiró olas feministas globales, desde la revolución sexual de los 60 hasta los debates actuales sobre identidad de género.
Beauvoir no se limitó a la teoría. Luchó activamente por la despenalización del aborto en Francia, que se lograría en 1975 gracias a la «Ley Veil», influida por su activismo. Fundó el grupo Choisir la cause des femmes y escribió manifiestos como el de 1971, firmado por 343 mujeres célebres, que declaraban haber abortado para visibilizar la hipocresía legal. Su compromiso trascendió fronteras: apoyó causas anticoloniales en Argelia y Vietnam, y defendió los derechos de las mujeres en América Latina, donde su legado resuena en luchas por la igualdad en países como Argentina.
Hoy, a 118 años de su nacimiento, el pensamiento de Beauvoir sigue vigente en un mundo donde persisten brechas salariales, violencia de género y debates sobre derechos reproductivos. En Latinoamérica, movimientos como Ni Una Menos citan su obra como faro. Su vida —marcada por el ateísmo, el compromiso político y una ética de libertad— nos recuerda que la emancipación es un acto colectivo y permanente.