Salta, 8 de febrero de 1785. En el corazón del norte argentino nacía Martín Miguel de Güemes, el intrépido militar y político que se convertiría en símbolo de la resistencia criolla contra el dominio español. Hijo de un comerciante español y una salteña de linaje indígena, Güemes creció en un ambiente marcado por las tensiones coloniales, forjando desde joven su vocación por la lucha independentista.

Su legado brilla en la «guerra gaucha», una táctica de guerrilla que lideró entre 1810 y 1821 en las fronteras del noroeste. Montado en su caballo, al mando de gauchos salteños, hostigó incansablemente a los realistas, cortando rutas de suministro y emboscando columnas españolas. Esta guerra asimétrica fue clave para proteger el avance de los ejércitos patrios en el Alto Perú, permitiendo que figuras como San Martín y Belgrano concentraran fuerzas en el centro del país. Güemes no solo defendió Salta, sino que elevó el rol del gaucho de marginal a protagonista de la independencia.

En 1815, asumió como primer gobernador de Salta, cargo que ocupó hasta su asesinato en 1821, traicionado por rivales internos. Su muerte, a los 36 años, no opacó su mito: heridas de bala y una puñalada final sellaron su fin, pero su tumba en la Catedral de Salta es hoy peregrinación obligada.

Hoy, en un Argentina que debate soberanía y fronteras, Güemes inspira. Su estatua en Buenos Aires y las celebraciones anuales en Salta recuerdan que la independencia se ganó en los pagos chicos, con astucia gaucha. En tiempos de tensiones regionales, su figura urge a valorar la unidad federal y el coraje popular.

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Por Claudio Gambale

Claudio Gambale 47 años , Periodista de Tres de Febrero.