El 23 de marzo de 1942, Marcelo Torcuato de Alvear, expresidente de Argentina (1922-1928), falleció en su residencia de Tigre a los 73 años, víctima de una afección cardíaca.
Figura clave de la Unión Cívica Radical (UCR), su muerte coincidió con un período de turbulencias políticas previas al golpe de 1943, marcando el fin de una era liberal en la historia nacional.
Nacido en 1868 en Buenos Aires, Alvear provenía de una familia aristocrática y se formó en derecho. Como embajador en Francia durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, impulsó reformas democráticas. Su mandato presidencial (1922-1928) se destacó por la inauguración del Teatro Colón moderno, la nacionalización del petróleo incipiente y el sufragio secreto universal consolidado. Sin embargo, enfrentó críticas por la represión de huelgas obreras y la crisis económica global.
En Tigre, rodeado de su esposa, la marquesa Regina Pacini, y allegados, Alvear expiró pacíficamente, según informó La Prensa. Su velatorio en la CGT y el entierro en Recoleta reunieron a miles, incluyendo a Yrigoyen enfermo. Políticos de todos los signos lo elogiaron como «el caballero de la democracia».
Su legado perdura en la UCR antipersonalista y en hitos urbanos como el Palacio Alvear. En contexto actual, con debates sobre radicalismo en el Congreso, su figura resuena como puente entre conservadurismo y progresismo. Historiadores como Félix Luna destacan su rol en la estabilidad poscastrense de Uriburu.
A 84 años de su partida, Notigital recuerda a Alvear como símbolo de elegancia política en tiempos revueltos, invitando a reflexionar sobre líderes que unieron al país.